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DESCORTEZADORES CONTRA LUCIÉRNAGAS


Rafael Salas Vázquez 

En el santuario de las luciérnagas en Nanacamilpa-Calpulalpan abundan las coníferas mismas que son el alimento favorito para los escarabajos descortezadores. No podemos pensar que esta plaga no atacará el santuario de las luciérnagas, pues todo está conectado y más temprano que tarde comenzaremos a ver brotes de esta plaga en otras latitudes. Es decir, la plaga que nos aqueja no es exclusiva de La Malinche, sino que es un problema que debe ser atendido con perspectiva regional o nacional.

Desafortunadamente, no en todos los bosques abundan las luciérnagas o no con la vastedad de nuestro santuario, entonces debemos estar conscientes del peligro que corre el santuario de las luciérnagas de Tlaxcala ante el inminente ataque de los escarabajos descortezadores. Al respecto, la CONAFOR señala que “a diferencia de la mayoría de las luciérnagas que se distribuyen en climas cálidos y húmedos de Asia y Sudamérica, la especie Macrolampis palaciosi de Tlaxcala está adaptada a condiciones más templadas o frías. El bosque de oyamel se distribuye principalmente entre los 2 mil 400 y 3 mil 600 metros sobre el nivel del mar, a lo largo del eje volcánico transversal en los estados de Guerrero, Jalisco, Michoacán, Estado de México, Morelos, Hidalgo, Tlaxcala, Puebla, Veracruz y de la Ciudad de México. El oyamel (Abies religiosa) es una especie perennifolia, es decir, conserva sus hojas vivas a lo largo del año.”[1]

                La misma CONAFOR elaboró un artículo llamado “Enemigo del Bosque” en el que se refiere al escarabajo descortezador de la siguiente forma: “Se alimenta de coníferas y a pesar de no percibirlo a simple vista, este insecto fuera de control, es capaz de causar más daño que un incendio forestal… Las coníferas son sus favoritas, entre ellas el oyamel, cedro, pinabete y juníperos.”[2]

                ¿Qué pasaría si la plaga del escarabajo descortezador destruye el santuario de las luciérnagas? ¿vamos a esperar hasta que la plaga ataque para poder reaccionar o prevendremos desde ya? No sólo sería una tragedia medioambiental, sino además detendría la economía que se ha generado para el avistamiento de las luciérnagas, la cual ronda los $50 millones de pesos[3] y eso a su vez, generaría conflictos políticos y sociales. En pocas palabras, se generaría un efecto dominó de calamidades jamás vistas.

Es fundamental elaborar ya un Plan Estatal de Resiliencia en el que se contemple ésta y las demás amenazas derivadas del calentamiento global. El destino nos alcanzó y debemos actuar con mucha responsabilidad, prontitud y firmeza para poder amortiguar los fenómenos naturales extremos y sus consecuencias directas e indirectas. El planeta cambió y nosotros también deberemos cambiar, es adaptarse o morir. De eso trata la resiliencia; Es un concepto que cada vez más y más escucharemos, pues no se avizora favorable el futuro. Ya no hay tiempo que perder.