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TLAXCALA, EN EL ÚLTIMO LUGAR DE CASI TODO


Telemedios MX

Rafael Salas Vázquez


Siglos de atraso. Décadas de promesas incumplidas. Infinitos discursos y anhelos que nomás no se cumplen. Históricamente el atraso económico y social de Tlaxcala ha sido documentado; vivimos en un territorio donde no destacamos en ninguno de los indicadores que miden bienestar, progreso, modernidad, salud o cualquier otro componente de desarrollo social o crecimiento económico. No estoy diciendo que no haya, sino que somos de los estados con el peor desempeño. Donde sí hemos destacado es en temas de trata, ahí sí que ocupamos el primer lugar. 


Este domingo se desarrollará el segundo debate entre los candidatos a la gubernatura de Tlaxcala y será la oportunidad imperdible para que analicemos a detalle las propuestas específicas que cada uno de ellos esbozará. Sin embargo, también hay que evaluar el desempeño de los partidos que ya tuvieron la oportunidad de gobernar y sencillamente no lo hicieron como se debía. Esos partidos ahora presentan a sus candidatos ante la sociedad como los paladines de la honestidad, la modernidad y el progreso, pero cuando tuvieron el poder sencillamente no hicieron nada de lo que hoy prometen con tanto ahínco. Desde luego me refiero a los partidos revolucionario institucional (PRI) y de acción nacional (PAN), quienes han gobernado Tlaxcala en los últimos 17 años y a quienes responsabilizo por el pésimo trabajo que han tenido.


Por ejemplo, Marco Antonio Mena publicó un Plan Estatal de Desarrollo lleno de buenas intenciones. En ese documento se señala un triángulo de prioridades basado en el empleo, la salud y la educación; para lograr esas prioridades se suponía que tendrían que cumplirse ciertas condiciones: Por un lado, un gobierno de resultados (gobierno honesto, eficiente y transparente), y por el otro, fundamentos de desarrollo (integración regional y sustentabilidad. Gobernanza y seguridad). El documento tiene eufemismos y mucha demagogia, pues en los hechos muy poco de eso se realizó.


Prueba de lo anterior es que hoy somos el único estado que decreció económicamente, somos el estado con la peor Procuraduría de Justicia de todo el país, somos de los estados con peor acceso y uso del internet, ocupamos los últimos lugares en competitividad y casi la mitad de la población se encuentra en la pobreza. Es decir, el Plan Estatal de Mena fracasó igual que el de Mariano y el de Ortiz Ortiz. No es hablar mal de Tlaxcala; es señalar a los malos gobernantes que hemos tenido. A muchos no les gusta que se diga esto, pero no es más que una exigencia de cambio de estatus. 


Debemos ir por otro rumbo. Tlaxcala no puede seguir en esta inercia tóxica. El mundo no se detiene y México tampoco. Sin embargo, en Tlaxcala los cambios se dan a cuentagotas. La dinámica social va mucho más rápida que la lenta respuesta de los gobiernos impasibles que no atinan a ofrecer una alternativa a los bríos de la juventud tlaxcalteca, quienes han tenido que optar por abandonar a sus familias y su tierra en búsqueda de mejores oportunidades.


Los malos gobernantes convirtieron a Tlaxcala en una cápsula del tiempo donde nada se mueve. Pareciera una especie de maldición o embrujo, pero no es así, Tlaxcala está en el atraso porque no tiene políticas públicas eficientes; A sus gobernantes les ha faltado visión para diversificar las industrias tlaxcaltecas 9 y apostarle a lo que realmente Tlaxcala puede destacar: cultura, turismo, medio ambiente y tecnologías de vanguardia. Tenemos mucho de qué sentirnos orgullosos; se pueden detonar cientos de empresas alineadas a la llamada industria naranja. El carnaval, la gastronomía tlaxcalteca, los moles de los pueblos, las alfombras de Huamantla o el santuario de las luciérnagas pueden ser los grandes detonadores de nuevas empresas y mejores oportunidades para todos. Apostar a tecnologías 4.0 pondría a Tlaxcala a la vanguardia. Sanear el río y proteger los bosques, así como la agricultura orgánica les darían nueva vida a nuestros miles de productores.


En fin, esta elección se trata de seguir con el PRIAN y su pésimo desempeño o de cambiar de una vez por todas. Ya más claro, ni el agua.