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EL ZAHUAPAN: RÍO DE ENFERMEDADES


Rafael Salas Vázquez 

No cabe duda que la agenda de medio ambiente en Tlaxcala está por la calle de la amargura. Gobiernos de ayer y hoy, empresas y población en general no han priorizado estos temas; el costo de la omisión y el desinterés está siendo muy alto. El río Zahuapan ha sido contaminado a tal nivel, que ya podemos hablar de un delito de contaminación. La Interpol señala que “los delitos de contaminación amenazan la sostenibilidad ambiental, la salud pública, la seguridad y la calidad de vida.”1 Hace no mucho se demostró en un estudio la correlación entre la contaminación de nuestro río y su impacto en la mortalidad por insuficiencia renal crónica (IRC) en el estado de Tlaxcala.2


Hemos llegado al extremo; hasta se promulgó una Ley para la atención integral de enfermedad renal crónica en el Estado de Tlaxcala3, en la que se habla de la importancia de tener un sistema estatal para tratar la enfermedad que aqueja a una nuestro pueblo4, pero, en ninguna parte habla de prevenir y erradicar las verdaderas causas, entre las que destaca, el agua de mala calidad que consumimos los tlaxcaltecas y la contaminación de los mantos acuíferos de donde se extrae.


Otra muestra de la falta de visión holística es la de no saber conectar los puntos: el calentamiento global alteró el clima, lo cual provoca sequías prolongadas, mismas que generan estrés hídrico en los árboles, luego éstos son víctimas de los escarabajos descortezadores, que matan miles de árboles, lo cual agrava el calentamiento global; sin árboles en La Malinche no hay suficiente recarga de los mantos acuíferos, en consecuencia la contaminación del río se agrava, lo cual genera más enfermos de IRC. ¿Ven la conexión? 


El Instituto de Ingeniería de la UNAM creó el Programa de Apoyo al Desarrollo Hidráulico de los Estados de Puebla, Oaxaca y Tlaxcala, en el que se señala: “El agua es un recurso natural vital para la vida humana, el desarrollo económico y la sustentabilidad del medio ambiente. Es también un instrumento en manos del Estado para conducir la organización de la sociedad en actividades específicas que favorezcan su desarrollo. Existen multitud de experiencias exitosas a nivel nacional e internacional que muestran los resultados en la disminución de la pobreza y en el crecimiento económico, cuando los grupos sociales logran gestionar debidamente este recurso en beneficio de todos los usuarios. 


Esta es una tarea compleja que involucra una adecuada intervención del gobierno en sus tres niveles (local, estatal y federal) y los diferentes usos del agua (agrícola, urbano, industrial, medio ambiente y recreación)... el río Atoyac durante su trayectoria, transporta aguas residuales sin tratamiento previo con sustancias para el tratamiento de textiles, cloroformo, cloruro de metileno (detergentes), metales pesados, sólidos suspendidos y coliformes (excremento), así como sustancias tóxicas, provocando altos grados de contaminación ambiental y degradación ecológica. Las consecuencias de la contaminación del agua son tan graves que han sido objeto de controversia para el Tribunal Latinoamericano del Agua, que en un documento titulado: “Contaminación industrial en los ríos Atoyac y Xochiac, estados de Tlaxcala y Puebla”5 


En 2010, la Comisión Nacional del Agua estableció la Agenda del Agua 2030. Después de 11 años, temo que no estamos ni cerca de cumplir con su visión la cual contemplaba que “para tratar todas las aguas que se descargan a los ríos y cuerpos de agua, tanto superficiales como subterráneos, se considera que serán requeridas inversiones del orden de $114,000 millones de pesos, lo que permitirá cubrir la brecha de tratamiento de 4,300 millones de metros cúbicos provenientes de las poblaciones y 1,800 millones de metros cúbicos del sector industrial.”6


La mala calidad del agua que se consume en el estado contiene cadmio, plomo y arsénico, lo que ha ocasionado que al menos la tercera parte de la población derechohabiente en el Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS) sufra de insuficiencia renal.7 El 11 de julio de 2014 asociaciones y pobladores de Villa Alta, Tlaxcala denunciaron ante delegados de la Conagua, Profepa, Semanart, Segob, Sedesol, Cofepris y Coeprist, que en esta y otras población cercanas hay una elevada incidencia de fallecimiento infantil a causa de leucemia, así como otros tipos de cáncer e insuficiencia renal, males que atribuyen a la contaminación que provocan las industrias y poblados en el río Zahuapan.8 El investigador y activista Octavio Rosas Landa señaló que “antes de 1960 este cauce era la columna vertebral de las comunidades del sur de Tlaxcala, pero la contaminación rompió el tejido social y vulneró el derecho humano a un ambiente sano, a la salud y a la información”.9


La Coordinación General de Ecología del Gobierno del Estado de Tlaxcala ha sido, desde su creación, un minúsculo esfuerzo que ha dado resultados de igual tamaño. No ha sido facultada ni legal ni presupuestalmente para hacer frente con firmeza ante los grandes males que dañan los ecosistemas de Tlaxcala. No se le ha dotado de facultades suficientes porque no ha sido prioritaria para ningún gobernante. Tal vez habría que retomar aquella iniciativa del 2001 que proponía la creación de la Secretaría de Ecología y Medio Ambiente del Gobierno del Estado de Tlaxcala.10 


¿Hasta cuándo permitiremos la violación sistemática a nuestro derecho a tener un medio ambiente saludable? Como tlaxcaltecas, ¿en verdad no podemos ver la conexión entre los diversos ecosistemas ecosistemas? ¿Seguiremos quejándonos y no actuaremos ni exigiremos a los gobernantes y empresas acciones terminantes?


Todo está conectado, nada está pasando por casualidad. Es urgente que entendamos que la sustentabilidad no es un frívolo capricho, sino la respuesta al atraso económico, político y social que arrastra Tlaxcala desde hace siglos. Sin recursos naturales ya no tendremos más futuro. Rescatemos nuestro río, nuestras lagunas y nuestros arroyos. Por el bien de todos, primero el medio ambiente.